Que nada detenga nuestro progreso, ¿invertimos en formación?

Son diversos los ámbitos de la vida en los que necesitamos de una adecuada formación para poder avanzar y mejorar.

Escuchando recientemente unas reflexiones del eminente cardiólogo el Dr. Valentín Fuster al periódico El País, sobre cómo vivir más años con calidad de vida, éste apuntaba que:

«La educación es una de las tres variables críticas en nuestra vida, junto a la ciencia y la salud, porque una persona cuánto más educada está tiene muchas más variables para moverse en la vida y más capaz es de dominar el mundo alrededor de sí misma y, por el contrario, cuanto menos educada está el mundo domina a la persona. La educación es además un arma muy importante para la autoestima, de manera que cuanto más sabemos más estamos en control de nosotros mismos y más podemos escoger lo que es adecuado para nosotros.»

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Pero no sólo en el ámbito personal o de la vida en general, también en el mundo empresarial es relevante considerar la formación de nuestros empleados de manera continuada como una buena y necesaria inversión que contribuya a un desarrollo sostenible de la organización y a la fidelización del talento que, sin duda, redundará en ser más competitivos y podremos obtener mejores resultados.

Referido al mundo laboral, eventos como la llegada de las nuevas tecnologías o la necesaria internacionalización de las empresas están introduciendo enormes cambios en los métodos de trabajo, en los puestos, y en las propias organizaciones. La adaptación a estos cambios solamente tiene un camino: la formación continua de los trabajadores.

 

¿Qué obtenemos al invertir en formación?

 

Por una parte, enriquecemos las capacidades y aptitudes de nuestros trabajadores, de manera que se desarrollan profesionalmente y con ello aumenta la productividad, hay una mejora en la gestión de tareas, mejora la competitividad, rentabilidad de la empresa y, en definitiva, agregamos valor añadido a las organizaciones en un mundo cada vez más complejo.

Por otro lado, contribuimos a lograr la satisfacción, motivación e integración del trabajador en relación a sus tareas, pues éste se da cuenta de cómo la organización se interesa por él no solo como profesional sino como persona e invierte en su propia mejora.

La empresa desea el bien y el desarrollo de sus trabajadores a quiénes trata no como recursos humanos, sino como seres humanos con recursos.

"Forma bien a la gente para que pueda marcharse, trátales mejor para que no quieran hacerlo" - Richard Branson (fundador de Virgin)

Pero para que la inversión en formación continua dé sus frutos, es necesario que esté integrada en la propia estrategia de la empresa y en su plan de acción, adaptada a la cultura de la empresa y cuente siempre con el compromiso mutuo de la dirección general y de los trabajadores.

Y además habremos de detectar cuáles son las carencias mediante un proceso de evaluación continua de los trabajadores y un proceso de feedback que valore la formación aportada en términos de valor agregado.

 

Como vemos son múltiples las ventajas que una organización obtiene al invertir en educación continuada sin olvidar que a través de ella conseguimos además transmitir y consolidar la cultura, los valores y la misión de la empresa.

 

¡Hasta la próxima!